Hace calor, te sientes pesada, estás sudada, asfixiada y para colmo ¡embarazada! Sí, tal vez parezca la combinación de ingredientes perfecta para arruinarte las vacaciones, pero tranquila, hay formas de sobrevivir a un verano con barriga
Los cambios repentinos de temperatura, propios del verano, debidos a las constantes entradas y salidas a espacios con aire acondicionado o a los frecuentes viajes pueden hacer que te sientas cansada, mareada y que en muchos momentos tengas dificultades para respirar. Cuando estás embarazada tu temperatura corporal puede marcar un par de grados más que en estado normal, si a esto le añadimos el calor sofocante de la calle, en pleno mes de agosto puedes ser lo más parecido a una olla a presión. En un mismo lugar con el termómetro marcando el mismo nivel, probablemente tu sensación térmica será mayor que la del resto. No dudes en colocarte un paño humedecido con agua fresca en el cuello, sobre la frente o en cabeza, si fuera necesario, ayudará a disminuir tu temperatura corporal.
Alimentación para sofocar los calores En esta época probablemente sufrirás más náuseas, más mareos y más inapetencia (si es que es posible). Sí, de nuevo las dichosas hormonas serán las culpables, y sentimos comunicarte que con el calor la cosa no mejora. Así que de debes mirar con lupa lo que comes. Evita las comidas pesadas, en favor de alimentos bajos en grasas y proteínas. Las comidas copiosas obligan al organismo a trabajar más y durante más tiempo, lo que generará más calor. Escoge alimentos ricos en fibra, especialmente verduras y frutas frescas, si además tienen un alto contenido en líquidos la combinación será perfecta. Come diariamente alimentos ricos en carbohidratos (pan, arroz, pastas...), así como ensaladas, verduras crudas o cocinadas, pescado o carne a la plancha. Minimiza las cantidades de sal, que hacen que retengas líquidos, pero no la elimines del todo, ya que es beneficiosa para la formación del feto.
Sacia tu sed Si sudas mucho con el calor, asegúrate de que bebes suficiente líquido. En los días más calurosos la pérdida de líquidos es más elevada debido a la transpiración, y se hace necesario restituir constantemente el líquido eliminado consumiendo constantemente agua. El agua es la mejor alternativa, pero también lo son los zumos de frutas, la leche o las bebidas isotónicas, con gran capacidad de rehidratación. Éstas tienen en su composición alto contenido en sodio, glucosa, potasio y otros minerales que favorecen la absorción de agua. Asegúrate de beber suficiente líquido a lo largo de todo el día. Los refrescos azucarados y las bebidas con cafeína deben ser consumidos con moderación. Y por supuesto eludir el alcohol.
Zumo refrescante para recargar las pilas: Mete en la licuadora una zanahoria, un tomate o un melocotón y un chorrito de limón. Tómatelo para desayunar o como aperitivo y ¡llénate de vitalidad!
Ropa Cuando el calor aprieta lo más recomendable es evitar someterse rigurosamente a los dictados de la moda si ésta atenta contra de la comodidad. Así, tu vestuario deberá ser, ante todo, fresco. Opta por tejidos naturales y transpirables como el algodón o el lino que permitan que tu piel “respire”, además frenará la aparición de urticarias, escoceduras o sarpullidos debajo del pecho o en la tripa, muy comunes durante la gestación. Elige para tu ropa colores claros y neutros que reflejen la luz del sol; hasta que baje el mercurio destierra de tu armario el negro y los colores oscuros que absorben el calor. Sí, sabemos que estos tonos son los mejores aliados de tu silueta, pero a estas alturas ya habrás apreciado que esa barriga es prácticamente imposible de estilizar. Huelga insistir en que debes eludir las prendas ceñidas, especialmente las que constriñen la cintura y las piernas. Decántate por ropa holgada que deje correr el aire entre tu piel y la tela, así se distribuye mejor el calor y se evita una transpiración intensa.
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