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Diferentes alternativas para dar a luz |
Parto humanizado o parto Leboyer
El parto humanizado, desarrollado por el obstetra francés Frederic Leboyer en la década de 1970 y recogido en su libro Nacimiento sin Violencia escrito en 1975. Aplica la teoría de que el proceso de alumbramiento debe ser lo más relajado posible y se debe llevar a cabo en un ambiente tranquilo. El objetivo es permitir que la transición que supone para el bebé el paso del útero a la vida fuera de él sea lo menos traumática posible; de esta manera, el bebé sería más feliz. Aunque esta cuestión es claramente discutible, lo cierto es que este método ayuda a relajarse a muchas maneras, lo que se traduce en un parto más tranquilo.
Para lograrlo, se ambienta el lugar donde se dará a luz con luces cálidas y suaves, música suave y tranquila, una bañera tibia especialmente preparada para el bebé, no se utilizan las típicas palmaditas en la espalda del bebé para estimular la respiración del mismo, no se corta el cordón umbilical inmediatamente después del alumbramiento, etc.
Para ayudar al bebé a respirar se le debe dar un masaje, en vez de las palmaditas. Además, el cordón umbilical del bebé no será cortado hasta que deje de palpitar. El hecho de esperar el tiempo suficiente para cortar el cordón umbilical, permitirá que el bebé pueda respirar por sí mismo por primera vez, una vez que esté preparado para hacerlo por sus propios medios.
Esta teoría ha calado en muchos médicos, que intentan que el ambiente de la sala de partos sea lo más relajado y apacible posible, minimizando el ruido.
¿Qué opinan las expertas?
Encarnación: Un parto es un momento muy especial y como tal deberíamos tratarlo. Es una pena que se pierda esa ternura y se convierta en “espectáculo”. Es como se deberían atender todos los partos.
Raquel: En todos los hospitales se deberían hacer partos humanizados. Hacer lo mismo a todas sin individualizar no es una buena práctica.
Irene: Es una “obligación” para todos los profesionales incorporar cualquier medida que humanice el acto del nacimiento. En mi experiencia creo que se está implantando cada vez más en los hospitales públicos, al menos en mis centros de trabajo.
Parto acuático
Es otra opción para las que prefieren un parto natural, ya que no se emplean medicamentos ni anestesias, sino ejercicios de relajación para disminuir el dolor. La madre da a luz en una bañera especial con agua a la temperatura del cuerpo (unos 37º C). Así, el niño evita la experiencia traumática de cambiar de un ambiente a otro, ya que la bañera simula el útero materno.
Los partos en el agua siempre deben ser atendidos por un especialista, por si surgieran complicaciones. No se les recomienda a mujeres con antecedentes de diabetes mellitus, hipertensión arterial, cardiopatías, metrorragias del tercer trimestre, desproporción fetopélvica y, en general, cuando el obstetra tratante no lo aconseje.
Ventajas para la madre: El agua caliente es un analgésico natural, es antiespasmódica: el calor relaja los músculos y ayuda a que el útero se contraiga eficientemente para dilatar. También reduce la producción de adrenalina, hormona que interfiere con el avance de la dilatación, contrarresta la fuerza de gravedad y disminuye la estimulación sensorial, aumentando la producción de endorfinas, sustancias opiáceas que produce la hipófisis anterior, que disminuyen la sensación del dolor y hacen olvidar el paso del tiempo.
Sumergir el cuerpo en agua caliente permite y facilita la distensión de los tejidos y músculos por lo que disminuye el riesgo de desgarros pélvicos. La mujer se siente segura al ser ella la que conduce su propio parto, lo que disminuye la posibilidad de intervenciones, no se utiliza medicación, oxitócicos, no se le rompen membranas y por lo tanto se disminuye la posibilidad de sufrimiento fetal durante un trabajo que se desarrolla en forma fisiológica.
Ventajas para el niño: El descenso del bebé por el canal de parto se hace de forma suave, ya que al no usarse oxitócicos, el útero no se contrae excesivamente. El bebé que está habituado a la inmersión en el líquido amniótico sale y entra directamente en contacto con un medio que le resulta familiar.
Una vez que sale el niño se le coloca encima de la madre, quien le masajea mientras el cordón sigue latiendo y suministrando oxigeno al bebé hasta que empiece a respirar por sí mismo. Cuando el recién nacido se encuentra en un ambiente más frío comienza a respirar con ligeros gemidos, y al colapsarse el cordón rompe a llorar e inicia una respiración rítmica, en ese momento y no antes, debe cortarse el cordón.
En algunos hospitales públicos ya se ofrece este método, por ejemplo en Galicia el Servicio Galego de Saúde (Sergas) implantará este año los partos acuáticos en un centro de referencia de cada una de las provincias gallegas.
¿Qué opinan las expertas?
Encarnación: Sólo lo he visto en vídeos. Que la embarazada pueda disminuir su dolor con un baño o ducha de agua caliente me parece muy buena opción, pero hacer el parto en el agua… creo que las condiciones higiénicas no son las más apropiadas para la madre, neonato ni personal que atiende el parto. Por otro lado, para llevarlo a cabo en los hospitales habría que concienciar e instruir a los profesionales, así como dotar a la mayoría de los centros para que los pudieran realizar.
Raquel: El expulsivo en el agua no creo que tenga ninguna ventaja, pero si la mujer lo desea por qué no. La dilatación en agua caliente sí me parece que puede ser de gran ayuda. Deberíamos disponer de bañera en la dilatación del propio hospital.
Irene: Creo que para la dilatación aporta mucho, pero hoy en día su implantación supondría una modificación estructural importante en los paritorios con el gasto económico que ello conlleva. Esto, añadido a que el agua es un bien escaso en nuestro país y que no está cuantificada la demanda de la población, no me parece una medida muy acertada para implantar en los hospitales. Se puede solventar ofreciendo baños o duchas de agua caliente a la parturienta durante la dilatación.
FUENTES: www.pregnancy-info.net. Irene Juárez, Encarnación Luna y Raquel Ambrojo, matronas en el Hospital de Fuenlabrada. Redacción: Irene García.
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