Para adquirir la aparentemente sencilla aptitud de caminar, tu hijo necesita aprender numerosas destrezas. Desde una suficiente seguridad en sí mismo, hasta la consecución del control sobre el propio cuerpo, sin olvidar un alto grado de maduración neurológica. Así, poco a poco, desde el vientre materno el bebé va aprendiendo a moverse, a dar patadas, a rodar, a gatear… Necesita tu ayuda para completar este proceso que supone para él una constante aventura, una fuente de aprendizaje y descubrimiento del mundo que le rodea.
Los primeros movimientos
Aprender a desplazarse es un largo y complejo proceso que comienza incluso antes de nacer. Carmen Torcal, especialista en psicomotricidad, nos explica así los primeros movimientos: “El niño, desde su nacimiento e incluso cuando está en el vientre de la madre, se mueve. Previamente al gateo, el bebé rueda. Más tarde se sienta y dispone de sus dos manos libremente para explorar los objetos.” A los 8 ó 9 meses, el bebé empieza a poner en práctica su capacidad para desplazarse por sí mismo mediante el gateo. Este “arrastre” suele ser, por norma general, el paso previo al aprendizaje del caminar. Poco a poco, el niño va descubriendo su capacidad de locomoción y durante uno o dos meses, se deslizará por el suelo. El dominio de esta destreza no le resultará sencillo e incluso en algunas ocasiones le podrá causar un leve sentimiento de frustración, por lo que tu apoyo será fundamental para que no desista en su esfuerzo. También podría darse el caso de que el bebé empezara a gatear antes o después de los 8 meses. Según los profesionales esto no debe ser motivo de alarma. De hecho, resulta esencial que los padres dejen a su hijo descubrir el mundo de la locomoción a su propio ritmo. Los beneficios del movimiento y desplazamiento para tu bebé son muchos. Poco a poco, prescindirá de tu ayuda a la hora de desplazarse, lo cual repercutirá positivamente en su propia autoestima - con la consiguiente disminución de la sensación de frustración - y en el desarrollo de su cuerpo. Carmen Torcal, afirma lo siguiente: “El movimiento va a ir fortaleciendo en el bebé sus músculos, articulaciones y tendones. Además, irá adquiriendo la capacidad de coordinar sus movimientos, lo cual le permitirá un mayor rendimiento físico y una mayor competencia.” Aprenderá a captar el espacio que le rodea y podrá descubrir sus posibilidades sensoriales. Isabel Fariñas, técnica especialista en actividades física, expone lo que sucede en el bebé cuando éste comienza a desplazarse: “Los estímulos que el bebé recibe en esta exploración provocan conexiones neuronales en su sistema nervioso, favoreciendo así su inteligencia. El hecho de desplazarse significa separarse de la madre o figura de apego, algo muy importante para su maduración y autonomía”.
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