De 4 a 6
A medida que los niños van creciendo, tendrán mayor capacidad para seguir las directrices que les marcas, y les encantará poner en práctica su buena educación. En el colegio recibirán multitud de órdenes: estar callados, hacer turnos, lavarse las manos… que deberán acatar con educación.
Habla de ello
Cuando las habilidades verbales de tu hijo y su nivel de comprensión sean los adecuados, puedes hablarle del significado y la utilidad de los buenos modales y preguntarle sobre qué es lo que él considera de buena o mala educación. Si crees que hay alguna norma que es incapaz de cumplir (se levanta de la mesa antes de que hayáis terminado, por ejemplo) procura hablarlo con él y llegar a un acuerdo (“Mientras acabamos el postre puedes levantarte y ayudar a recoger la mesa”).
Enseñar buenos modales a los niños es un proceso paulatino. Intenta ser paciente y ser consciente en todo momento de lo que tu hijo o hija son capaces dependiendo de su edad. Tu tiempo y paciencia se verán recompensados cada vez que diga gracias y se limpie con la servilleta antes de beber.
Buenas formas en la mesa
Comer juntos en familia es un aspecto muy importante para la socialización de tu pequeño.
No dudamos que cenar con un niño de 1 año puede parecerse más a la hora del almuerzo de los leones del zoo, que a una apacible cena familiar. Sin embargo, debes saber que comer juntos en familia, con la televisión apagada y sin otras distracciones, es un aspecto esencial para la socialización del niño. Si tienes presente la norma fundamental sobre dar de comer a tu hijo (tú preparas la comida y él se la come), la hora de la cena será mucho más agradable. Si además evitas las peleas habituales acerca de lo que come, deja de comer, cuánto come o lo que tarda en hacerlo, te resultará todo más sencillo.
Procura animar a tu hijo a ser autónomo en la mesa y ayúdale a conseguirlo. Asegúrate de presentarle la comida de forma que pueda cogerla con facilidad y no discutas sobre lo que hace con ella en el plato o cómo se la lleva a la boca. Enséñale, pero no le obligues.
Comer con las manos le hará sentirse competente, y practicar con una cuchara mucho más.
La mayoría de los niños de 18 meses debería saber usar la cuchara, más adelante podrán manejar el tenedor sin apenas dificultad. Al mismo tiempo tu hijo probablemente se aficione a beber de una taza, aunque aún necesite la ayuda de asas y pitorro.
Una de las mejores maneras de mejorar la actitud de tu hijo con la comida es permitir que se involucre en su preparación. Una vez que haya cumplido su primer año déjale que asuma alguna tarea que le haga sentirse una parte importante del ritual (llevar las servilletas a la mesa, sus cubiertos…). Cuando tenga 2 o 3 años invítale a participar en la elaboración de la comida (acercándote la lechuga de la nevera, rociando de canela las natillas…)
Trata de inculcar la sencilla norma de “prueba al menos un poco”. Intenta que tu hijo pegue al menos un solo bocado aunque la comida sea totalmente nueva para él. Explícale que sólo así sabrá si le gusta o no. A la mayoría de los niños les cuesta probar platos desconocidos, pero si se acostumbran a hacerlo les será muy útil cuando sean invitados a comer a casa de un amiguito.
Redacción: Lola García-Amado
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