El juego simbólico, los cuentos y las historias Hay que enseñarles a desarrollar el juego simbólico; dar las bases para que aprendan a identificarse con diferentes roles o funciones del mundo de los adultos; como jugar a ser papá, mamá, bombero o cirujano. Siempre que se pueda hay que contarles cuentos, cuanto más imaginativos y alejados de la realidad, más les gustan y fomentan su creatividad y ganas de conocer cosas nuevas, espacios diferentes, otras realidades... También darles la posibilidad de identificarse con todo tipo de personajes de las historias que se les cuentan; cuando no consigas que haga algo, introduce una historia con un personaje que tenga que realizar esa acción, verás que resultados...
Favorecer los recursos del niño para resolver sus pequeños problemas y dificultades
Es fundamental que los padres no caigan en una sobre protección que se anteponga a cualquier necesidad del niño. Éste debe aprender a resolver sus problemas, a tomar sus decisiones, siempre adecuadas a su edad y madurez. Así se favorece el desarrollo de una personalidad firma y segura, confiando en sus posibilidades y recursos.
Respetar sus iniciativas y ser positivo ante sus errores No le avasalles con información, más bien indúcele a expresar lo que siente y piensa. Respeta sus ideas, aunque no coincidan con las tuyas. Por ejemplo, ¡qué importa que se ponga unos zapatos rojos con una falda naranja! Lo importante es la iniciativa de vestirse solo. Sé paciente ante sus errores, házselos ver sin infravalorarle y destacando lo aspectos positivos por encima de los negativos. Anímale a que vuelva a intentarlo. De los errores se aprende mucho más de lo que nos pensamos.
Evitar la monotonía en la vida del niño La monotonía termina con la imaginación. Esto no significa que haya que avasallarle con cientos de actividades, sino presentarle variedad e imaginación en lo que hace, ofrecerle la posibilidad de hacer cosas nuevas y distintas. Como padres, hay que mostrar entusiasmo ante sus iniciativas por realizar actividades, por muy nimias que parezcan.
¿Cuándo debemos preocuparnos?
Para los niños, la imaginación y la realidad están muy mezcladas; no hay fronteras entre lo uno y lo otro. Los padres y educadores son los responsables de ir encauzando la imaginación del pequeño sin atrofiarla. En la vida del niño es necesario ese mundo imaginativo para poder acoplarse a la realidad, así va elaborando los sentimientos que le produce el contacto con el mundo. Cuando le resulte difícil entender el mundo de una manera realista, acudirá a la imaginación; descubriendo poco a poco lo que es fantasía de lo que no lo es. Pero, no debemos olvidar que si bien necesita la imaginación para crecer, también vive en la realidad y no puede evadirse de ella. Los niños que se refugian en un mundo imaginativo, subyacen en una actitud de huida hacia algún problema que no pueden afrontar como timidez, inseguridad, falta de afecto, etc. Los padres deben ayudarle a separar realidad y fantasía sin ridiculizarlo ni reírse de su imaginación, sino advirtiendo afectivamente que eso ocurre en los cuentos y en las historias inventadas, pero no en la vida real. Trata de reflexionar porqué el niño adopta esa actitud evasiva frente a la vida y habla con él sobre ello, con un diálogo abierto y comprensivo.
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