El insomnio es una enfermedad que puede llegar a desequilibrar completamente la vida de una persona. Pero cuando el que lo sufre no eres tú, sino tu hijo pequeño, puede ser aún peor. De hecho, para muchas personas, no poder dormir bien por las noches a causa de su bebé es una cuestión fundamental para plantearse el hecho de tener hijos. Te damos algunos consejos y pautas a seguir para solucionar este problema.
¿Qué hacer si tu hijo tiene problemas a la hora de dormir? Lo primero, debes asegurarte de que realmente tu hijo sufre algún trastorno, y descartar que simplemente pase por una fase normal en cualquier bebé. Para Rafaela López, madre y creadora de la web www.dormirsinllorar.com, la cual lleva dos años en funcionamiento y en la que hay más de 1.600 madres registradas, “los niños pequeños, sobre todo los bebés, están preparados para despertarse porque lo necesitan para sobrevivir. Por eso es completamente normal y sano que un bebé recién nacido se despierte varias veces por la noche para comer, porque está sucio, etc. Ahora bien, como madres y padres la dificultad de conciliar el sueño de nuestros hijos y sus despertares nos resultan agotadores y terminan por pesarnos en nuestras actividades”.
¿Cómo saber si tu hijo sufre un trastorno del sueño? Si respondes afirmativamente a las siguientes cuestiones, paciencia, porque probablemente tu hijo tenga algún problema a la hora de dormir: - Dificultad para iniciar el sueño solo - Múltiples despertares nocturnos - Sueño superficial (se desvela ante cualquier ruido) - Duerme menos horas de las habituales para su edad ¿Has contestado que sí a todo? Bueno, tranquilo/a, hay varios pasos que puedes seguir para solucionar este problema. DIAGNOSTICAR EL PROBLEMA
Los peques pueden tener falta de sueño por motivos bien diferentes, y a cada problema le corresponderá una solución:
Siestas demasiado largas:
Aunque es verdad que los niños necesitan dormir durante el día, si las siestas se hacen en un mal momento o son de una duración inadecuada, puede restarle sueño al pequeño para la noche.
Solución: espaciar las siestas, que pasen unas 2 ó 3 horas entre cada una y que no afecte al ciclo de alimentación.
Resistencia a acostarse:
Para muchos padres la lucha comienza antes incluso de que el niño llegue a la cama.
Solución: establecer unas rutinas que incluyan una hora fija de irse a la cama, un tiempo de preparación para irse a dormir, la hora a la que se debe despertar…
Para Rafaela López, en torno a este punto, “es necesaria la presencia de ciertas actividades que tranquilicen al bebé y lo ayuden a entender que va siendo hora de pensar en dormir. Muchos padres excitan a sus hijos mediante el juego antes de ir a la cama, logrando así posponer la hora de sueño, ya que un niño cansado y excitado es más difícil de relajar. (Igual que nos pasa a los adultos)”. |