Dormir sin llorar Para Rafaela, “la única solución real es dejar que el tiempo pase y que nuestros hijos crezcan y su sueño madure. Aunque podemos ayudarles en ese proceso de manera no traumática. El primer paso sin duda es cambiar el enfoque y abandonar la idea de que nuestro bebé tiene un problema de sueño. Quien tiene un problema de sueño somos las madres y padres que debemos cumplir nuestras obligaciones sociales, no nuestros hijos. Ellos se despiertan descansados y felices y nosotros cansados y de mal humor. Hay que tener claro que los que necesitamos dormir sin interrupciones somos nosotros, no ellos. El segundo paso es asumirlo como algo natural en el proceso de crecimiento de un hijo sin miedo a las falsas amenazas que nos hayan podido contar: falta de crecimiento, fracaso escolar… porque hasta bien entrado el siglo XX nadie había considerado nunca que la forma de dormir de un niño fuera un problema”.
Para ella es un error dejar a los niños llorando, aunque sea en intervalos, y no acudir a su lado, lo que puede hacer que pierdan la confianza en sus padres. Según el psicohistoriador Lloyd deMause en su libro The Neurobiology of Childhood and History, “los traumas provocados por el desamparo, pueden dañar severamente el hipocampo, matando neuronas (causando lesiones). Este daño es causado por la liberación de una cascada de cortisol, adrenalina y otras hormonas de estrés segregadas durante el episodio traumático (llanto continuo), que no sólo dañan a las células cerebrales sino también la memoria y ponen en marcha una desregulación duradera de la bioquímica cerebral”. Además, para el Doctor Tymothy Taylor, “el llorar requiere de mucha energía y por lo tanto para poder sobrevivir necesita dejar de llorar y bloquear el llanto”. Sin embargo, antes de dejar de llorar, el bebé necesita tomar conciencia de que ha sido abandonado. El resultado de esto es muy serio y Taylor lo relaciona con la teoría de Martín Seligman acerca del “desamparo aprendido” en la cual argumenta que si el niño llora y su llanto no es atendido ni sus necesidades satisfechas, empieza a desligarse de la realidad ya que el sentimiento es “no importa lo que yo haga para buscar ayuda, nada cambia ni recibo ningún consuelo, así que para qué gastar más si mis esfuerzos son en vano de cualquier manera”.
La lactancia, un método para ayudar a dormir
Pese a que uno de los grandes mitos sobre el sueño es que los bebés amamantados duermen peor, las investigaciones han demostrado lo contrario. Recientes estudios hechos en las Universidades de Extremadura y de Baleares han demostrado que la lactancia materna ayuda a dormir a los bebés recién nacidos, ya que la composición de la leche materna cambia a lo largo del día y en la noche es más rica en triptófano, un aminoácido que ayuda a que los bebés se duerman. Sin embargo, pese a este enfoque, Rafaela, gracias a las experiencias recogidas en estos dos años en la web, nos da algunos consejos para ayudar al pequeño a diferenciar entre noche y día, creando una rutina de buenas noches y tratando de que duerma siestas reparadoras, lo que repercutirá en noches más tranquilas.
A partir de los 6 meses y coincidiendo con el inicio de la alimentación complementaria, podemos introducir una serie de acciones que ayuden a reconocer la hora de ir a dormir, para que la viva con seguridad y le ayudemos a relajarse para poder conciliar el sueño.
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