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Aprendiendo a gatear

NiñoA partir de los 7 meses de edad los bebés comienzan a descubrir el mundo por sí mismos al gatear. Sin embargo, cada vez son más los niños que empiezan a andar sin pasar por la fase del gateo, lo que repercute negativamente en su desarrollo, ya que gatear favorece la visión, el tacto, el habla, el equilibrio, la manualidad, la orientación y la propia percepción

¿Cuándo empieza a gatear?

A los 7-8 meses los bebés comienzan a gatear. Gateando entran en contacto con el ambiente que les rodea. Sin embargo, no todos se encuentran a gusto andando a gatas y omiten esta etapa, pasando directamente a mantenerse en pie y finalmente a caminar. Otros, en cambio, prefieren su "propia técnica" de gateo, como por ejemplo los que se desplazan sentados, doblando las piernas para deslizar las nalgas, como si estuvieran remando con ellas. Hay otros que se desplazan sobre su tripa, con la ayuda de piernas y manos.

Lo más importante no es cómo gatee, sino que aprenda a desplazarse. A partir de los 12 meses comenzará a ponerse de pie y empezará a dar sus primeros pasos.


Desarrollo del gateo

Los bebés comienzan por aprender a mantenerse sentados. Ése es el primer paso para emprender el gateo. Luego mantendrá erguida su cabeza para ver alrededor y fortalecerá los músculos de sus brazos, piernas y espalda, que le servirán para ponerse a cuatro patas.

Durante dos meses (de los 6 a los 8) el bebé irá aprendiendo de forma gradual a pasar de la posición de sentado a la de cuatro patas y pronto descubrirá que puede balancearse de adelante hacia atrás cuando sus muslos estén rectos y su espalda paralela al piso.

Finalmente descubrirá que al empujar sus rodillas contra el suelo obtiene el impulso necesario para comenzar a gatear. Luego aprenderá a volver a sentarse desde la posición de gateo y desde entonces comenzará a perfeccionar su técnica cada vez más hasta que gatee perfectamente al año de vida.


La importancia de gatear

Cada vez son más los niños que pasan directamente de sentarse a andar, sin gatear en ningún momento. Esta tendencia se explica por dos motivos: por un lado, los deseos de los padres de que comiencen a andar cuanto antes por la influencia generalizada de obtener resultados que no corresponden con la edad cronológica. Por otro, los pisos cada vez más pequeños, los horarios de los padres y el poco tiempo para dedicar a sus hijos hacen que dejemos a los niños metidos en el parque más tiempo del que deberían, sin darles espacio ni opción a gatear y desplazarse por la casa.

Los pediatras advierten de lo perjudicial que es esta tendencia, ya que gatear favorece la evolución del cerebro. El gateo desarrolla la visión, el tacto, el habla, el equilibrio, la manualidad, la orientación y la propia percepción, además de otras importantes funciones:

1- Los movimientos -explican desde la Escuela Internacional de Psicomotricidad- son las únicas manifestaciones psicológicas que podemos observar en los bebés. Los movimientos del gateo están orientados hacia las relaciones con el mundo externo. El gesto, la actitud, la postura, el llanto, etc. nos darán una clara idea del momento afectivo del bebé, ya que éste expresa sus emociones a través de dichos movimientos, influyendo favorablemente el gateo en todo el mundo afectivo-emocional.

En los niños que no han gateado encontramos muchos más problemas a la hora de superar dificultades, tanto afectivo-relacionales como motoras.

2- Si el gateo se desarrolla correctamente, se favorecen las conexiones futuras de todo tipo entre los dos hemisferios cerebrales. Y de estas conexiones depende el correcto desarrollo de funciones cognitivas y de movimiento más complejas.

3- Desarrolla el sistema vestibular y el sistema propioceptivo. Ambos sistemas permiten saber dónde están las partes del cuerpo de uno mismo.

4- Desarrolla la convergencia visual y posibilita el enfoque de los ojos. Al mirar al suelo para colocar la mano o la rodilla convenientemente, el niño enfoca los dos ojos en un mismo punto a corta distancia. Cuando mira adonde va, a unos tres metros por lo menos, coloca con los ojos la convergencia en un punto infinito. Éste es un estupendo ejercicio muscular para los ojos que facilita la acomodación visual. Y es tal su importancia que, según estudios de optómetras, el 98% de los niños con estrabismo no gatearon lo suficiente de pequeños. También parece que los ojos vagos están relacionados con un mal desarrollo de las convergencias.

 

 
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