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Sapos y princesas, una historia de amor

ImageEn un país cercano, tal vez en el nuestro propio, tal vez en la vecina Francia, no hará mucho tiempo, acaso unas semanas, ocurrió una historia de la que no pueden perder detalle… Así que sus ojos abran como platos, porque como en las películas de después de comer, “este cuento está basado en una historia real…”

La princesa Glotona, futura heredera del trono del reino Buffet libre, comía y comía y no dejaba nunca ni rastro de todo cuanto caía en su plato. Tanto era así que su madre, la reina Delgada, un día quiso ponerla a dieta de adelgazamiento pues de lo contrario –decía Delgada- su hija nunca encontraría un príncipe apuesto que le pidiera matrimonio.

Glotona solía enfadarse mucho con su madre, pues a ella siempre le apetecía comer, y no era algo que pudiera evitar fácilmente. En especial esos bollitos de leche tan ricos que preparaban en la tienda de enfrente al cole de princesas y que todos los recreos hacían las delicias de Glotona.

ImageAdemás, el resto de princesas que estudiaban con Glotona tampoco la comprendían… Todas querían tener unos tipos estupendos como las de los modelos que salían por televisión… Y para Glotona, eso no era lo importante. Lo importante y lo que más le divertía era poder desplazarse rodando, pues estaba tan regordeta que rodaba en lugar de caminar, y era capaz de rodar escaleras abajo y bajar un tramo de más de diez peldaños en apenas un par de segundos. Pero nadie más compartía sus aficiones. Así que, día tras día, se sentía muy muy sola…

Y una tarde de primavera, después de haber discutido con su mamá la reina Delgada, la princesa Glotona jugaba sola en el lago. Observaba su reflejo en el agua mientras pensaba con el gesto más apenado del mundo si alguna vez se casaría con un príncipe que la quisiera y la aceptara tal como era. “Seguro que lleva razón mi madre… Soy tan fea que nunca me querrán” se atormentaba Glotona. 

Enfrascada se hallaba nuestra princesa Glotona pensando en montañas de rosquillas de azúcar, en bastones de caramelo, en dulces cruasanes de chocolate, cuando un sapo de charca con un aspecto muy similar al de los cuentos, vino a distraerla…

 

 
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