|
-¡Hola, princesa!
-¡Hola, sapo! ¿Cómo es que tú hablas?
-Normalmente no lo hago… Pero un pajarito me ha dicho que andabas con problemas y un poco sola y he pensado en venir a verte…
-¿Tú también quieres meterte conmigo, verdad?
-No, princesa. Yo he venido a ayudarte.
-¿Y cómo vas a hacerlo?
-Pues para empezar, creo que no deberías enfadarte tanto con tu madre. Ella sólo quiere lo mejor para ti.
-Sí, como si fuera tan fácil… Mi madre se mete conmigo, las princesas del cole se meten conmigo… ¡Y ahora también vienes tú a meterte conmigo!
-No, princesa… Yo sólo quiero ayudarte y ser tu amigo. Mira, te contaré un secreto… Hace tiempo yo comía muchísimas ranas, y me encantaban… Comía ranas, lagartijas, camaleones… Comía muchísimo, probablemente mucho más de lo que tú seas capaz de imaginar. Sin embargo, un día me di cuenta de que muchas veces me dolía la tripita después de las comilonas… Y eso me impedía bañarme en la charca y jugar con otros sapitos amigos…
-Ya, a mí también me duele muchas veces… Y es un fastidio… Hoy mismo me duele un montonazo. ¿Qué es lo que hiciste para comer menos?
-Pues simplemente empecé a comer más sano… Y me puse en manos de un doctor de sapos, que me dio unas normas básicas para la alimentación.
-¿Cómo por ejemplo?
-Por ejemplo no picar salamandras entre horas, y comer iguana sólo una vez a la semana…
-Pero yo no como salamandras… ¡Ni tampoco iguanas!
El sapo soltó una carcajada.
-Claro, princesa…Pero bien sé yo lo mucho que te gustan esos bollitos de leche de la panadería de enfrente al cole… Esta vez fue la princesa quien rió divertida, aunque también algo avergonzada.
-Además, princesa, no es sólo una cuestión de belleza… A mí me pareces hermosa, pero si te digo todo esto es porque creo que es importante para tu salud.
-¿Porque me dejaría de doler la tripita?
|