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LA LUNA Y EL CAMPESINO JACINTO

ImageÉrase una vez, hace mucho, muchísimo tiempo, una noche de cielo negro y estrellado, la luna que lucía en lo alto del cielo como una brillante bola blanca tuvo un aparatoso accidente: tropezó y cayó a la tierra

Tan  blanca como era, fue a caer en medio de un verde campo de trigo de un pueblecito perdido entre campos y montañas llamado Liceras.

A la mañana siguiente, al levantarse el campesino Jacinto, dueño del campo, miró por la ventana y se extrañó al ver que todavía era de noche y no había salido el sol a pesar de ser ya muy tarde. Asustado, salió a la calle y corrió hasta su campo y allí escondida entre las verdes espigas de trigo, se encontró a la asustada luna que lloraba desconsolada.

La luna le explicó entre sollozos que se había caído del cielo y que si no volvía a su lugar, nunca más volvería a ser de día y su amigo el sol nunca más podría salir.

El campesino Jacinto, muy preocupado pensó y repensó cómo ayudar a la pobre luna y  se le ocurrió que si la llevaba hasta la montaña más alta del pueblo quizás podría lanzarla con fuerza para que llegara al cielo. Sería una misión difícil pero iba a intentarlo. Así que cogió a la temerosa luna entre sus brazos y cargó con ella hasta la montaña más alta del lugar, el pico Grao y desde allí, la lanzó con todas sus fuerzas.... pero la luna volvió a caer de nuevo, el cielo estaba demasiado lejos.

El campesino Jacinto miró a la triste luna, pensó y repensó y se le ocurrió la loca idea de construir la escalera más alta del mundo para llegar hasta el cielo y poder dejar a la luna en su lugar. Cogió toda la leña de su casa, los troncos de los árboles caídos en el bosque, sus herramientas para tallar la madera, clavos, puntas y un martillo y se puso manos a la obra sin perder ni un instante.
Tardó un poquitín en construirla pero cuando la hubo terminado, cogió entre sus manos a la luna y subió la escalera para poder dejarla en lo alto del cielo.

La luna muy contenta y agradecida por como se había portado el campesino Jacinto con ella le preguntó qué era lo que él más deseaba en el mundo: dinero, riquezas, una casa nueva... Pero el campesino era tan pobre y pasaba tanta hambre que tan sólo quería que su campo de verde trigo le diera algo para comer a él y toda su familia.

La luna habló entonces con su amigo el sol para que éste mandara a la tierra sus rayos y convertir el verde campo de trigo en amarillas espigas con las que poder hacer pan, harina y otras cosas para comer.

El sol cumplió el deseo del campesino y cada año, cuando llega el buen tiempo en honor al campesino Jacinto y de su buena acción, el sol manda sus rayos sobre los verdes campos de Liceras para que se conviertan en amarillas espigas de trigo y nunca más ningún habitante del pueblo pase hambre.


Cuento enviado por Cándida, de Barcelona

 


 

 
 
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ÚLTIMAS OPINIONES
18/04/2008 - fetdepedra
me ha gustado muchisimo, me encantan los cuentos y este no lo conocia, me interesa saberlos para poder contarselos a mis hijos. (+)
latiendadelafamilia.com
 
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