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Sexo tras la llegada del bebé


Ejercicios para una reeducación perineal


El periné o suelo pélvico es un conjunto de músculos que sustentan la parte abdominal inferior y que sirve de apoyo a la vejiga, el útero y una porción intestinal. Para que esta estructura anatómica funcione correctamente, sus músculos deben estar adecuadamente preparados.

Para conseguir una sexualidad satisfactoria, entre otros beneficios, es aconsejable procurar fortalecer la musculatura del suelo pélvico pues ésta se ve seriamente perjudicada por la contracción abdominal y los esfuerzos realizados durante el parto.

Eso sí, no retomes el ejercicio de una forma precoz, y evita los deportes que conlleven el incremento de la presión intrabdominal (saltar, llevar peso, abdominales).

La recuperación de la elasticidad del periné requiere un sencillo aprendizaje que consiste en contraer y relajar este músculo. Puedes empezar a hacer estos ejercicios perineales - también llamados contracciones de Kegel- a los 30 o 40 días después de dar a luz. Eso sí, antes de empezar debes desterrar cualquier sentimiento de vergüenza.


1. Estírate en el suelo, boca arriba, con las piernas flexionadas y contrae el periné. Cuenta 3 segundos y relaja seis. Hazlo como si intentases retener el deseo de orinar. Contrayendo sólo el periné, ni los músculos abdominales, ni las nalgas, ni los muslos. Realiza dos series de 10 repeticiones cada una, durante cuatro veces al día. Podrás aumentar las series hasta llegar a 20 veces seguidas apretando durante cuatro segundos y descansando ocho segundos.

Aprovecha para practicar estos sencillos ejercicios en cualquier momento. Sentada, de pie… ¡Nadie notará lo que estás haciendo!

2- Tumbada boca arriba, expira apretando el vientre, las nalgas y genitales, de manera que toda la columna, incluida la zona lumbar, entre en contacto con el suelo. Inspira relajando la zona contraída. Repite dos series de diez veces aumentando hasta 20.


Para identificar qué músculos son los que debes ejercitar, cuando tengas ganas de orinar, siéntate en el inodoro con las rodillas separadas y al comenzar para durante un par de segundos y reinicia la micción. De nuevo, para y sigue orinando, hasta finalizar. Cuando consigas hacerlo sin dificultad es que tienes músculos pélvicos fuertes. Haz esta prueba de forma ocasional y únicamente para reconocer los músculos y su tonicidad; no la realices habitualmente como un ejercicio más ya que podría causarte una infección de orina.


Otra forma de identificación consiste en un tacto vaginal, inserta un dedo limpio -y lubricado si hace falta- en la vagina e intenta apretarlo. Si notas algún movimiento o presión muscular es que lo estás haciendo correctamente. Repítelo tantas veces al día como puedas, hasta alcanzar las 300 diarias. A medida que tu musculatura esté más tonificada, podrás notar que aprietas más.



Hormonas revueltas

Debido al estrecho vínculo afectivo que se establece con el amamantamiento es frecuente que muchas mujeres se sientan exhaustas al final del día y no encuentren sencillo pasar del rol afectivo con el bebé a la intimidad con su pareja. Las hormonas (de nuevo) tienen mucho que ver en esto. Los niveles hormonales oscilan de forma significante en las semanas y meses posteriores al parto y pueden causar irritabilidad, tristeza y en ocasiones apatía sexual. Cuando una mujer está dando el pecho, puede experimentar mayor sequedad vaginal, incluso si está excitada. De ahí que el acto amoroso resulte incómodo y a veces hasta doloroso. Ambos debéis comprender que se trata de un problema fisiológico y no de una cuestión de ganas. Esta falta natural de lubricación puede suplirse fácilmente con la aplicación de lubricantes artificiales.

Otra hormona que juega un papel crucial en esta fase es la oxitocina, también llamada hormona del amor, ya que desde hace mucho tiempo se sabe que es la hormona involucrada en la confianza y el amor entre los seres humanos. Se ha demostrado que al entrar en el flujo sanguíneo activa las glándulas mamarias y fortalece el vínculo entre el hijo y su madre. Tiene pues relación con la conducta maternal, la aceptación del bebé y las ganas de alimentarlo. Por eso el nivel de oxitocina en la mujer aumenta al final del parto y durante la lactancia.

La oxitocina es un elemento crítico en la bajada de leche durante la lactancia. Se libera en grandes cantidades en respuesta a la estimulación del pezón por la succión del bebé, facilitando por tanto el amamantamiento, pero también lo hace durante el orgasmo, por lo que no es raro que durante el coito, en madres lactantes se escape leche materna, fundamentalmente durante las primeras semanas cuando aún no está establecido el patrón de alimentación. En algunas mujeres estas pérdidas pueden ser simples gotas, en otras un chorro a presión. Advertir a tu pareja no está de más (¿te imaginas su cara al recibir un disparo inesperado de leche en el en el momento álgido?).
Los escapes de leche no deben ser óbice para hacer el amor con tu pareja. Ten a mano gasas para limpiarte en caso de que te ocurra. Ponerle un punto de humor y risas también os ayudará. Puedes disminuir el “riesgo de derrame” dándole el pecho a tu hijo antes de pasar a la acción o, si te resulta realmente incómodo y desagradable siempre puedes permanecer con la parte superior tapada o bien introducir discos absorbentes en tu sujetador más sugerente.

En ningún caso te plantees destetar al bebé para avivar tu deseo sexual. La lactancia y el sexo no son incompatibles, simplemente tienes que adaptarte a la nueva situación y si cuando llegue el momento de destetarle tu pasión renace ¡pues eso que has ganado!

 

 
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