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¿Qué comida es la mejor para el verano? |
La conservación de los alimentos
En verano el calor se convierte en el primer enemigo de los alimentos, por lo que conviene consumirlos lo antes posible, mantenerlos bien refrigerados, y, si se toman crudos, lavarlos concienzudamente con unas gotitas de lejía de uso alimentario para prevenir gastroenteritis estivales.
El segundo enemigo de los alimentos, sobre todo si se come al aire libre o se está en contacto con la naturaleza, son los insectos. Hay que procurar cerrar bien los botes, no dejar rastros de migas o azúcar sobre la mesa y tapar la comida cuando no se esté degustando. Hay mosquiteras y queseras para mantener a raya a los bichitos; un trapo limpio también salvaguardará nuestros platos de moscas y otros insectos curiosos.
A la hora de hacer la compra hay que leer bien las etiquetas y la fecha de caducidad de los productos, y reservar para el final los alimentos que deben guardarse en frío.
Más líquidos en la dieta
En verano nuestras necesidades de hidratación aumentan. Las altas temperaturas hacen que sudemos más. Por eso necesitamos tomar más líquidos, ya sea en forma de bebida u otros alimentos ricos en agua, como sopas frías, frutas y verduras.
Es recomendable desplazarse siempre con una botella de agua, sobre todo si se va a la playa, al campo o a practicar algún deporte.
Los ancianos y los niños son quienes más tienen que controlar sus niveles de hidratación durante la época estival porque ven alterado su mecanismo de la sed. Los niños, porque no siempre piden bebidas cuando tienen sed. Y los ancianos, porque tienen menos agua corporal que en etapas anteriores.
Una persona bien hidratada tendrá la piel está tersa y suave, sin zonas resecas; no sentirá accesos de sed descontrolados y al beber conseguirá saciar su sed.
Alimentación para los niños durante el verano
El cuidado con la alimentación en las épocas de más calor del año es algo los padres no deben olvidar. La alimentación es tan importante como el sueño y las actividades para que los niños gocen de una buena salud. Hay algunas pautas que a seguir:
- Las grasas jamás deben sobrepasar el 30% del consumo diario de un niño. Están concentradas en la mantequilla, nata, yogur, huevo, margarina y grasas animales. - La mayor parte del aporte debe realizarse a través de los hidratos de carbono, un 50 a 60% del consumo. Corresponde al pan, cereales, harina, pasta, arroz, patatas, guisantes, judías y frutos secos. - La fruta, del mismo modo que la verdura, es una fuente importante de vitaminas y minerales, sobre todo para los niños. Es rica en fibra y su ingesta es más que recomendable. - El respeto a las horas para alimentarse es de vital importancia. Nunca se deben realizar las comidas con prisas. Una buena masticación favorecerá la digestión, evitando así los gases y otros problemas intestinales. - Se debe empezar el día con un buen desayuno: leche, cereales, zumos o piezas de frutas. - Evita las frituras. Mejor el consumo de alimentos guisados, cocidos o asados. La paella es recomendable puesto que aporta una gran cantidad de nutrientes (lleva arroz, pescado y verduras). - Dependiendo del tipo de comida, se debe respetar el periodo de digestión a la hora del baño. - No debemos olvidar que la merienda es también muy importante. Nada mejor que galletas, frutos secos, frutas, zumos, sándwiches o bocadillos. FUENTES: Fundación Eroski. Redacción: Irene García.
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