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Las chuches ¿Pueden causar trastornos en el comportamiento?


Regulación


Están autorizados y regulados por ley, aunque la legislación no es la misma en todos los países. De acuerdo con las normas europeas, su presencia tiene que figurar en la envoltura del producto, identificados con la letra E seguida de un número.


Existen en todos los países - explica Baladia-, las llamadas listas de aditivos alimentarios. Cada país, en base a estudios, ha elaborado unas listas positivas (aditivos permitidos) y unas listas negativas (aditivos prohibidos). La legislación funciona de la siguiente forma: la Comunidad Europea elabora unas listas que todos los países (pertenecientes a ella) tienen que cumplir. De esta forma, en las listas españolas se tienen que incluir, como mínimo, los aditivos que ha establecido la CC EE, pero España tiene competencia para además ser más restrictivo. Asimismo, cada Comunidad Autónoma tendrá que cumplir con la legislación europea y española y tendrá competencia para ser aún más restrictivo.


El consumidor interesado en averiguar cuáles son los aditivos actualmente autorizados en España (unos 300), en qué cantidades se pueden usar y para qué tipo de alimentos, puede acudir al Boletín Oficial del Estado (BOE del 12-1-96 para los edulcorantes, BOE del 22-1-96 para los colorantes y BOE del 22-3-97 para todos los demás).


Desde la Agencia Española de Seguridad Alimentaria advierten de las listas falsas de aditivos peligrosos para la salud que circulan de vez en cuando y que lo único que hacen es causar alarma social. En España, al igual que en todos los países de la Unión Europea, para que un aditivo pueda ser utilizado en la elaboración de un producto alimenticio debe haber sido autorizado mediante su inclusión en las listas positivas de aditivos teniendo en cuenta los requisitos de la protección de la salud humana, de acuerdo con el artículo 40, apartado 4, de la Ley 14/1986 de 25 de abril General de Sanidad.


En nuestro país, así como en los demás estados miembros de la Unión Europea, las citadas listas son específicas para cada grupo de alimentos. Para ser incluido un aditivo en las listas debe haber sido evaluado toxicológicamente y sometido a ensayos que demuestren su inocuidad, por el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA) y por el Comité Científico de la Alimentación Humana (CCAH), organismos internacionales de reconocido prestigio y competencia.


Por otra parte, se puede proceder a la retirada de la autorización de un aditivo en productos alimenticios si en función de la evolución de conocimientos científicos, surge alguna duda sobre la inocuidad del aditivo y la seguridad de su empleo.



Reino Unido contra las chucherías


A partir de los años setenta se han publicado estudios sobre los posibles efectos tóxicos de determinados aditivos, siendo prohibidos algunos de ellos. Para la Sociedad Catalana de Alergia e Inmunología Clínica “los aditivos autorizados, en general, son sustancias inofensivas, aunque en individuos sensibles puedan provocar reacciones de intolerancia”.


“Debido a que la ciencia es dinámica –explica Baladia-, es decir, está en continua revisión, puede ser que ciertos aditivos que hasta ahora eran considerados "seguros", bien porque los estudios infravaloraban los efectos nocivos, porque no eran capaces de ver todos los efectos secundarios, o porque han cambiado las dosis de ingesta (que los niños coman más golosinas de las consideradas normales), ahora pueden ser, bajo discusión científica, considerados no seguros”.


Así ha pasado con un estudio reciente elaborado por científicos de la Universidad inglesa de Southampton, quienes han descubierto que siete de los aditivos más comunes en los productos alimenticios (E-110, E-122, E-102, E-124, E-211 (benzoato sódico), E-110 y E-129) perjudican la inteligencia y el comportamiento de los pequeños. La cuestión se empezó a debatir en septiembre de 2007, cuando una investigación confirmó la relación entre las sustancias para potenciar el sabor de algunos productos y la hiperactividad en los niños. El estudio, publicado en la revista médica The Lancet, confirmó la asociación entre estas sustancias y el aumento de los berrinches y las pataletas en los niños.


A raíz de este informe, la Agencia británica de Estándares en la Alimentación (FSA) pidió a los fabricantes de alimentos que retiren seis de estos aditivos de la fabricación de chucherías (todos menos el benzoato sódico) para finales del año próximo y los sustituyan por alternativas naturales siempre que sea posible. Por el momento no es algo obligatorio, ya que la FSA concluyó que, “aunque existen pruebas de que los aditivos causan problemas en algunos niños, no son suficientes para justificar su prohibición o la modificación del marco regulador”.


Algunas empresas ya han accedido de manera unilateral a retirar estos componentes; por eso la FSA prefiere por el momento el diálogo con los fabricantes en vez de adoptar medidas punitivas contra ellos.


“Si el Reino Unido ha encontrado esta relación entre ingesta de estos aditivos y un efecto secundario inesperado –cuenta Baladia-, puede por supuesto prohibir su uso en su territorio. Esto supondría que el Reino Unido podría exportar golosinas sin dichos aditivos, pero no podría importar chuches que los contengan. Así que para no tener que vetar la importación a su país, intentará que esta prohibición sea aprobada por la UE y sea de obligatorio cumplimiento por todos los países miembros (para unificar el mercado y permitir la libre circulación).


Así que, por supuesto, en un futuro esta decisión podrá afectar al mercado de golosinas español, aunque aún es pronto para saber qué pasará ya que, aunque el Estudio Clínico Controlado Aleatorizado del trabajo es de gran calidad y por ello abre una línea de discusión suficientemente grande como para planteárselo, deben aportarse más estudios al respecto que lo confirmen antes de prohibir o aceptar de nuevo un aditivo. Así es la ciencia, un solo estudio no evidencia de forma contundente nada, sino que añade más conocimiento para aproximarse mejor a "la verdad" disminuyendo la posibilidad de errar”.



FUENTES: Eduard Baladia, Miembro del Grupo de Revisión, Estudio y Posicionamiento de la AED-N. Agencia Española de Seguridad Alimentaria. The Lancet.
Redacción: Irene García.




 

 
 
 
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