El verano trae consigo cambios en la rutina de los niños y estos cambios repercuten inevitablemente en la nutrición infantil, bien por el desorden del nuevo horario o bien por las nuevas apetencias de los más pequeños. Aunque existe la idea de que las vacaciones estivales son un periodo para la libertad alimentaria y se asocian a un cierto descontrol y permisividad en los “excesos veraniegos”, los niños necesitan continuar con una alimentación equilibrada. Si bien es cierto que en esta época el organismo necesita menos aporte calórico, no significa que se deba comer menos, sino que se debe seguir una dieta distinta.
Consejos para el verano
1. Lo más importante en las épocas de más calor es evitar la deshidratación, por lo que todos los alimentos deben tener un elevado contenido de agua en su composición. La gran variedad de fruta que nos ofrece el verano hace difícil resistirse a ellas. Junto con la verdura, la fruta es una fuente fundamental de vitaminas, minerales y fibra. Una buena forma de aprovechar todas las propiedades nutritivas es prepararlas en forma de macedonia, zumos o batidos con leche fría. La mezcla de colores, aromas y sabores hacen de ésta una opción muy apetecible para que los niños consuman estos nutritivos alimentos. 2. Beber agua en cantidades suficientes para mantener una correcta hidratación durante los calurosos meses de verano. Los niños deben procurar recibir esta atención, pues son especialmente sensibles a los golpes de calor. 3. Evitar comidas muy grasas o pesadas que dificulten la digestión. Su consumo no debe sobrepasar el 30% del consumo diario del niño. Las grasas se encuentran en la mantequilla, la nata, el huevo, la leche, las grasas animales, las frituras, etc. 4. La mayor parte del aporte nutritivo deberá realizarse a través de los hidratos de carbono, que deben suponer un 50 ó 60% y se encuentran concentrados en las pastas, el arroz, el pan, los cereales, las harinas, guisantes, legumbres, frutos secos, etc. La paella, tan típica de esta época, por ejemplo, es un plato muy completo y recomendable por sus ingredientes. 5. Empezar el día con un buen desayuno, basado en cereales, leche, zumo y frutas. 6. Tampoco debemos olvidar la merienda durante las vacaciones, tan importante como el desayuno. Ha de estar compuesta por fruta, zumos, bocadillos, sándwiches, etc. Horarios, también en verano
El nuevo horario vacacional no debe impedir un equilibrio en las horas para comer. Marta de Miguel Matarán, licenciada en Farmacia y asesora en Dietética y Nutrición, afirma que “aunque el verano coincida con un periodo largo de vacaciones se deben evitar los desórdenes de horarios y no cambiar los hábitos alimentarios, manteniendo las comidas habituales durante el horario escolar”. De Miguel también es franca en cuanto a chuches se refiere, quien tampoco es partidaria de bajar la guardia en esta época, muy propicia para ello: “Hay que ser precavidos. No se debe abusar de excesos de este tipo, como helados, refrescos, comida rápida, golosinas…” No debe prohibirse su ingesta, pero sí limitarse su consumo y hacerlo de forma ocasional. Un consejo: ¡Sustituye los refrescos artificiales por zumos de frutas naturales y los helados industriales por polos caseros, la salud de tus hijos te lo agradecerá!
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