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¡A mi hijo le cuesta tragar!

BebéCómo favorecer la succión y deglución de los bebés

La alimentación es un proceso fundamental para el crecimiento y desarrollo de nuestro bebé y en el momento que vemos que aparecen problemas a la hora de alimentarle puede surgir una sensación de agobio y malestar al no saber cómo podemos ayudarle a comer con normalidad

En primer lugar tenemos que tener en cuenta que durante los nueve meses de embarazo nuestro bebé se alimenta a través del cordón umbilical, gracias al cual le llegan todos los nutrientes necesarios para su desarrollo. Sin embargo desde el momento que nace este proceso que antes realizaba pasivamente se convierte de repente en un proceso activo. Quizás pienses que el simple hecho de que nuestro bebé coma es una acción sencilla pero implica la activación y coordinación de numerosos procesos.

Puede ocurrir que durante los primeros días tu hijo no sea capaz de succionar del pecho o biberón. No hay que preocuparse, es normal. Simplemente ayúdale con tus dedos a cerrar sus labios alrededor de la tetina o pezón. También has de ser consciente de que una vez conseguido, puede hacer pausas largas, o tomar poca cantidad de leche, porque el succionar, al principio, es un esfuerzo enorme que, literalmente, le agota.

Cuando ya sea capaz de realizarlo por sí mismo se acercará al pecho para poder tomar la leche.


¿Cuáles son los mecanismos responsables de la succión?

Para conseguir con éxito que la leche entre en la boca intervienen de manera conjunta una serie de reacciones orales que van a permitir al recién nacido beber. Éstos están presentes desde el mismo momento en que nacen y su misión es la de la supervivencia:

- Reflejo de búsqueda: Provoca que el niño gire la cabeza hacia donde siente un estímulo. Con esto conseguirá que al sentir el pezón de la madre voltee su cabeza, se oriente correctamente y se activen los músculos del cuello.

- Reflejo de mordida: Al producirse una estimulación en las encías el niño abre y cierra la boca.

- Reflejo de naúsea: Se produce una contracción faríngea lo que impedirá que aspire el líquido.

- Reflejo de succión: Permite que los labios se acomoden y se produce la contracción de los músculos de la boca para poder hacer una acción de vacío, que va a permitir que trague el líquido.

Esto nos muestra que para que el niño pueda alimentarse debe existir una correcta coordinación entre la succión-deglución y respiración. Lo que es posible a partir de la 36ª semana de gestación, un dato importante para aquellos niños que nazcan antes de este momento, ya que algunos pueden necesitar de alimentación por sonda puesto que todavía no hay una maduración necesaria para poder realizar este proceso.

Sin embargo el desarrollo de la alimentación no se basa únicamente en estas reacciones orales. Podemos observar que el niño al nacer mantiene una postura predominante de flexión, -similar a una postura de rana- cuando le colocamos boca abajo. Su desarrollo motor conlleva modificaciones en sus patrones de alimentación.

Esto se observa, por ejemplo, con la evolución del control cefálico, ya que una vez que lo consigue se producen una serie de cambios anatómicos -aumento de la cavidad oral y faríngea, descenso de estructura laríngea y de la glotis hasta colocarse en la posición definitiva- y la activación de los músculos del cuello. Cuando logra el control del tronco se consigue un aumento del tono muscular en la lengua, lo que va a favorecer que se traslade el alimento hacia la garganta. Una estabilidad en la postura conseguirá que el niño pueda mover su mano y coordinarla con la boca y así pueda llevarse el alimento hasta ella, que es lo que se conoce como autoalimentación. Ésta favorecerá que sienta deseo por la comida, se la lleve a la boca, disfrute, saboree y convierta este acto en algo activo. La alimentación implica, por lo tanto, la maduración del bebé en todos los sentidos, tanto a nivel motor, cognitivo como relacional.

Debemos intentar favorecer que la alimentación sea un momento del día de disfrute, no de obligación. Hay momentos en los que esto no es muy posible, negándose el niño a comerse la papilla o aceptar los cambios de alimentos, lo que implica que para poder afrontar este momento tenemos que armarnos de paciencia.

 

 
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