Estaba
sentada bajo un laurel
mirando la frescura
de las aguas al correr,
mirando la frescura
de las aguas al correr.
De pronto pasó un soldado
y lo hizo detener.
-Deténgase, usted soldado
que una pregunta le voy a hacer,
-Deténgase, usted soldado
que una pregunta le voy a hacer.
¿Usted ha visto a mi marido
en la guerra alguna vez?
Yo no he visto a su marido
ni tampoco sé quién es,
Yo no he visto a su marido
ni tampoco sé quién es.
Mi marido es alto y rubio,
tan buen mozo como usted,
y en la punta del sombrero
lleva escrito San Andrés,
y en la punta del sombrero
lleva escrito San Andrés.
Por los datos que me ha dado
su marido muerto está
y me ha dejado dicho
que me case con usted,
y me ha dejado dicho
que me case con usted.
Eso sí que no lo haría,
eso sí que no lo haré
he esperado siete años
y otros siete esperaré,
he esperado siete años
y otros siete esperaré.
Si a los catorce ya no viene
a un convento yo me iré,
y a mis dos hijas mujeres
conmigo las llevaré,
y a mis dos hijos varones
a la patria entregaré.
Calla, calla, Catalina.
Calla, calla de una vez,
que estás hablando con tu marido
que no supiste reconocer,
que estás hablando con tu marido
que no supiste reconocer.