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Trastornos del oído: Mastoiditis

Trastornos del oído: Mastoiditis

Trastornos del oído: Mastoiditis
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Las otitis son muy frecuentes en los niños pequeños; tanto, que en ocasiones esta dolencia recurrente da lugar a una mastoiditis, una infección del hueso mastoideo localizado detrás de la oreja que, si bien no es grave, requiere hospitalización y, en ocasiones, cirugía.


El oído medio está formado por el tímpano (membrana timpánica) y una cámara llena de aire que contiene una cadena de tres huesos pequeños (huesecillos) que conectan el tímpano con el oído interno. El oído interno, que está lleno de líquido (y recibe el nombre de laberinto), está formado por dos partes principales: la cóclea (el órgano de la audición) y los canales semicirculares (el órgano del equilibrio). Los trastornos del oído medio e interno producen muchos síntomas semejantes, y un problema del oído medio puede afectar al oído interno y viceversa.

Las enfermedades del oído producen síntomas como malestar, dolor y una sensación de taponamiento o de que existe una presión en su interior, así como una salida de líquido o de pus, una pérdida de la audición, tinnitus (zumbido en los oídos) y vértigo (sensación de dar giros). Estos síntomas pueden estar causados por una infección, una lesión o una presión en el oído medio cuya causa es una obstrucción en la trompa de Eustaquio (el tubo que conecta el oído medio con la parte posterior de la nariz). Cuando la causa es una infección, algunos síntomas adicionales, como fiebre y debilidad, pueden afectar a todo el organismo.

Entre las principales dolencias que pueden afectar al oído están la perforación del tímpano, la barotitis media, la miringitis infecciosa, la otitis media aguda o crónica (la más frecuente en los niños pequeños), la otosclerosis y la mastoiditis.

¿Qué es la mastoiditis?

Es una infección de la apófisis mastoides o hueso mastoideo del cráneo. Este hueso está localizado por detrás de la oreja y está compuesto por celdillas neumáticas que drenan el oído medio.

La mastoiditis suele presentarse como resultado de la extensión de la infección del oído medio a las celdillas neumáticas mastoideas. Generalmente, un niño con mastoiditis tiene antecedentes de infección de oído recientes o sufre infecciones reiteradas del oído medio. Este trastorno puede ser provocado por diversas bacterias y el riesgo de padecerlo puede reducirse mediante el uso de antibióticos para las infecciones del oído.

Antes de que existieran los antibióticos, la mastoiditis era una de las causas principales de muerte infantil, pero en la actualidad es una enfermedad relativamente escasa y mucho menos peligrosa.

Síntomas

Por lo general, los síntomas aparecen al cabo de dos o más semanas de haberse desarrollado la otitis media aguda, a medida que la infección diseminada destruye la parte interna de la apófisis mastoides. Es posible que se forme un absceso en el hueso. La piel que recubre el hueso mastoideo puede tornarse roja, hinchada y dolorosa, y el oído externo se desplaza hacia un lado y abajo.

- Secreción del oído.
- Dolor o molestia en el oído.
- Fiebre que puede ser alta o incrementarse súbitamente.
- Dolor de cabeza.
- Irritabilidad.
- Supuración de una infección de oído.

Tratamiento

Para asegurarse de si el niño padece esta enfermedad o no, además del examen físico y los antecedentes médicos completos, el médico examinará el oído externo y el tímpano del niño con un otoscopio. Asimismo, será necesario realizar alguna de las siguientes pruebas para observar al detalle el oído:

- Tomografía computarizada (TAC) del oído.
- TAC de la cabeza.
- Radiografía del cráneo.

Aunque no es una enfermedad grave, el tratamiento suele requerir hospitalización ya que suele resultar complicado de curar debido a la dificultad que existe para que los medicamentos lleguen a la profundidad suficiente dentro del hueso mastoideo y se puede necesitar un tratamiento repetitivo o prolongado. Para tratar la infección, se aplican los antibióticos por medio de inyección y luego se administran oralmente.

Sin embargo, a veces es necesario recurrir a la cirugía para ayudar a drenar el líquido del oído medio. El médico puede sugerir una miringotomía, procedimiento quirúrgico que consiste en realizar una pequeña abertura en el tímpano para drenar el líquido y aliviar la presión del oído medio. Se coloca un pequeño tubo en la abertura del tímpano para ventilar el oído medio e impedir la acumulación de líquido. Una vez que se drena el líquido, el niño recupera la audición. Los tubos normalmente se caen por sí solos entre seis y doce meses después de su colocación.

Prevención y cuidado del oído


Para evitar infecciones graves como la mastoiditis, es necesario tratar y curar adecuadamente todos los problemas de oídos, especialmente las otitis medias o recurrentes. Además, es recomendable seguir una serie de pautas en la higiene y protección de los oídos:

- Para mantener sus oídos limpios, basta con pasar el pico de una toalla o de una gasa humedecida por el pabellón auditivo, sin frotar y sin olvidar la parte de los pliegues detrás de las orejas.

- La zona interna del oído no se debe limpiar con bastoncillos ni se deben introducir en el conducto auditivo bajo ningún concepto, ya que pueden producir lesiones en la zona y/o provocar una inflamación.

- La cera de los oídos va saliendo por sí sola; no debe intentar sacarse con nada.

- Evita que le den corrientes de aire, sécale bien los oídos después de bañarle y abrígale las orejas cuando salgáis de paseo en invierno.

- Puedes utilizar un difusor de agua marina que permita limpiar tanto el oído externo como el interno de forma delicada y segura. El uso continuado de estos difusores previene de problemas auditivos, como los tapones de cera, y mantiene los oídos sanos.

- Evita los ruidos fuertes y la televisión o la música muy altas, su audición es más aguda y sensible que la de las personas mayores y podría dañarle.

- Conviene no mantener los oídos del bebé bajo el agua, pero tampoco sucede nada porque les salpique o les entre un poco.

- Si el niño tiene una infección de oído es mejor que no vuele en avión, ya que las trompas de Eustaquio aún no funcionan perfectamente y la presión del aire más alta ejercerá fuerza sobre uno de los lados del tímpano ocasionando dolor.

- Aunque no tenga infección, al volar el niño sentirá más presión que un adulto, por eso es recomendable que al aterrizar y despegar masque chicles o caramelos, beba agua o use el chupete. 

En el siguiente video, os mostramos cómo prevenir las infecciones.

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