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Mi hijo prefiere a su padre

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Estás todo el día con él. Juegas con ella, le llevas a la guarde, le ayudas a colorear, te encargas de su baño… pero en cuanto entra papá por la puerta lo deja todo y ya no quiere saber nada de ti. ¿Qué está pasando?

Los preescolares suelen distinguirse por su carácter impulsivo a la vez que inconstante. Sus preferencias y gustos aún no están consolidados, y de la misma manera que una semana tu hijo solo quiere comer yogur de fresa y la siguiente lo rechaza diciendo que no le gusta, con las personas le ocurre lo mismo. Un día puede ser muy cariñoso y comunicativo con la vecina del tercero y otro responderle con un desagradable gesto ante una muestra afectuosa. Así que cuando tu niño de 32 meses te diga: “Vete ¡Quiero jugar con papá!” (o al revés, le dice a su padre: “¡Quiero jugar con mamá!”), no te lo tomes como algo personal.

En realidad cuando tu pequeño te dice esas cosas, y demuestra sus preferencias por uno de sus progenitores, está demostrando que se siente seguro de vuestro amor. Sabe que aunque te rechace en un momento dado, podrá volver a ti cuando quiera porque  le recibirás con los brazos abiertos.

Esta actitud, a esta edad, es muy frecuente y totalmente normal. Tu hija está adquiriendo mayor autonomía e independencia, está experimentando la separación y demostrando que es capaz de relacionarse por sí misma con las personas que ella elija y ya es perfectamente consciente de que si pasa el tiempo sólo con papá o sólo con mamá, toda la atención será para ella sola.

Mostrar sus preferencias, sus propias elecciones y manifestar sus deseos forman parte de su desarrollo, pero si aún así te sientes discriminado o te sientes mal porque tu pareja es rechazada por él puedes favorecer los momentos a solas con el otro. Intenta participar en sus juegos, pídele permiso para unirte a lo que esté haciendo si eres tú el rechazado, al principio no mostrará interés pero poco a poco lo conseguirás. Intercambiad responsabilidades, si siempre eres tú el que le vistes o le preparas la comida deja que lo haga papá. Las relaciones, como con los adultos, también hay que trabajarlas.

No obstante no le des demasiada importancia a este comportamiento, en menos de lo que te des cuenta se le habrá pasado.
 

Cuando el favoritismo se convierte en un problema

Ahora bien, si su predilección por uno de vosotros deriva en alguna situación desagradable o una rabieta debes actuar de inmediato si no quieres que se convierta en un problema más grande. Si por ejemplo has dejado a tu pequeño al cuidado de su padre porque tienes un viaje de trabajo, una cena con amigos, etc. y se pone a llorar o a gritar diciendo que no te vayas, no cedas a sus exigencias. Sabes que no le pasará nada porque estará en buenas manos, así que no prestes atención a lo que diga o haga o la próxima vez te costará el doble poder marcharte. No pierdas los nervios y trata de tranquilizarle explicándole la situación y ofreciéndole confianza. Aunque a esta edad pocos niños serán capaces de seguir tu razonamiento lógico por mucho que te esfuerces explicándoselo. Si necesita distracción desvía su atención con otra actividad en lugar de iniciar una batalla de voluntades y frustración creciente. Y observa si los problemas se producen cuando está cansado, tiene hambre, o está sobreexcitado y prevé tu marcha en otro momento la próxima vez.

Si en medio de una conversación entre tu pareja y tú te grita o te empuja para impedirte hablar y te dice: “¡Vete! Papá va a jugar conmigo”, no deberíais consentírselo o ese comportamiento aumentará. Si le prestáis atención o peor aún, aceptáis sus exigencias, la probabilidad de que lo vuelva a hacer crecerá. Si le ignoráis y continuáis con la charla aprenderá que así no se consigue nada y cejará en su empeño.

Los expertos defienden que la atención refuerza positivamente el comportamiento, tanto el deseado como el que no. Por eso, procura fortalecer el buen comportamiento, prestándole atención, elogiándole o haciéndoselo saber e ignora el no deseado.

 

Redacción: Lola García-Amado

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