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Como se desarrolla la personalidad del bebe

¿Cómo se desarrolla la personalidad del bebé?

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¿Cómo se desarrolla la personalidad del bebé?

Cada niño, como cada persona, es único y tiene una forma distinta de ver e interactuar con el mundo que le rodea. Los adultos debemos reconocer los diferentes estilos de aprender, jugar, comportarse o relacionarse de cada uno de ellos, teniendo en cuenta tanto sus fortalezas como sus debilidades

Los primeros años de un niño suponen años fundamentales para su desarrollo, donde se forman no sólo las habilidades motoras sino también la personalidad de cada uno. El sentido de identidad de un niño se empieza a desarrollar desde su primer año de vida, por ejemplo cuando descubrió que su mano le pertenecía. A medida que va creciendo y viviendo experiencias cotidianas e interactúa con los demás, irá aumentando su sentido del ser.

Generalmente al año el niño tiene oportunidad de afirmar su personalidad. Pero hasta los tres la relación con el ambiente que le rodea es de orden afectivo. El contacto se produce por una especie de contagio mimético, interactúa por emociones y está unido y mezclado con las situaciones que responden a la emoción. Por ello es incapaz de captarse a sí mismo como algo distinto a ellas y a los demás. Hacia los 36 meses desaparece esa confusión y entra en un periodo en el que necesita afirmar y conquistar su autonomía. Y esto le lanzará a una serie de conflictos. Sus tres años marcan la entrada en sociedad; es muy joven para tan alto grado de autocontrol y a menudo se  enfrentará a los demás sin otro motivo que el de probar su propia independencia y su propia existencia.

¿Qué sabe a esta edad?

Entre los 3 y 4 años ya diferencia entre su ser físico (“Tengo el pelo rubio”, “tengo los ojos marrones”) y su ser psicológico (“soy atrevido”, “soy vergonzosa”). También conoce cómo se relaciona con los demás y sus capacidades (“tengo un hermano”, “juego bien a la pelota”).

Hasta ahora era prácticamente inconsciente de ser niño o niña. Seguramente sabía decir si era niño o niña, porque se lo habían dicho, pero no sabía qué significaba exactamente ni sabía reconocer las diferencias entre unos y otros. Entre los 3 y 4 años ya es más consciente de las disparidades entre lo masculino y lo femenino. Las diferencias entre niños y niñas son todavía muy pequeñas a esta edad y ahora que los roles tradicionalmente masculinos y femeninos no son tan claros, las peculiaridades hormonales y el desarrollo cerebral pueden explicar la tendencia de algunos niños a disfrutar de actividades más agresivas y las preferencias de las niñas por juegos más tranquilos. Sentirán además un mayor interés por los amigos del mismo género y comenzarán a juzgarse por cuestión de sexo (“los niños son tontos, las niñas son cursis”)

Aunque aún no sabrá describirse a sí mismo en términos de personalidad, será el momento en que comience a distinguir entre su ser privado y su ser público, es decir cómo se muestra a los demás.

El niño se reconoce a esta edad como un individuo completo y comienza a entender que tanto él, como su comportamiento, como sus acciones pueden ser juzgados por lo demás, especialmente por sus padres.

Hay que recalcar que la personalidad varía enormemente durante todas las etapas de la vida, especialmente en la adolescencia y la madurez. Por lo que es imposible aún en términos generales descubrir la personalidad de un niño o trazar una línea recta de su desarrollo.

Si bien a los 3 años podemos decir que la identidad propia se desarrolla por la comparación con los demás y por las reacciones de los demás ante sus acciones.

¿Qué puedes hacer?

Debes hacer lo posible para que tu hijo elija y no prejuzgar, especialmente en los asuntos que tienen que ver con el género, evitando que tus comentarios refuercen tópicos y roles tradicionales.

Tus reacciones le indican al niño cuáles son tus expectativas sobre su comportamiento y logros. Cuanto más le juzgues más duro será consigo mismo.

El mejor enfoque es darles a todos las mismas oportunidades a la vez que reconoces las diferencias entre ellos.

Anima a tu hijo a confiar en sí mismo y en sus gustos. Le ayudará a no seguir siempre al rebaño.



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