En torno a los 2 años es el momento perfecto para iniciar el cambio de la cuna a la cama. Tu hijo ya es muy grande para estar cómodo en la cuna en la que dormía hasta ahora, además de que puede ser peligroso, ya que domina mucho mejor su movilidad y puede intentar salirse de la ella o meter algún brazo o pierna entre los barrotes.
Empieza en una época tranquila, sin cambios a la vista. No es recomendable hacerlo con la llegada de un nuevo hermanito, ya que puede acentuar sus celos y hacerle creer que le echan de su cuna porque quieren más al nuevo.
A algunos niños la transición no les cuesta nada, sobre todo si tienen hermanos mayores y lo ven como una forma de imitarle. Se sienten estimulados ante el reto y no les importa.
Sin embargo, otros se resisten a salir de la cuna. Eso es una reacción muy normal, ya que fue en la cuna donde aprendió a conciliar el sueño, donde se siente protegido, arropado, y más seguro.
- Lo primero es que se acostumbre a dormir solo. Si la cuna estaba en vuestra habitación, no le cambies a una cama hasta que se adapte a dormir en otra habitación solo.
- Ve gradualmente. Puedes empezar por ponerle a dormir la siesta en su nueva cama, y una vez se acostumbre, probar toda la noche entera.
- Explícale por qué tiene que cambiar a una cama. Aunque creas que no te entienda bien, los niños son capaces en seguida de aceptar explicaciones sencillas: “Como te has hecho grande, tienes que dormir en una cama como los papás”.
- Si dormía con un muñeco, sigue poniéndoselo a su lado, le hará sentir seguro y se le hará menos raro.
- No permitas que se quede dormido en otro sitio -la cuna, el sofá, tu cama- y luego le traslades a su cama, eso le desorientará y querrá volver adonde se durmió.
- Cuenta con su opinión a la hora de elegir la cama y las sábanas. Si se siente a gusto en ella, dormirá más tranquilamente.